Clier es la capa de datos de la producción. Crew, talento, locaciones, calendario, proveedores y datos del cliente se cargan una sola vez, y cada documento se arma solo desde esa única fuente. Cambiás la locación y queda correcta en todos lados antes de que cierres la pestaña.
Escribí clear —claro, en inglés— tal como suena en español y te queda Clier. Suena igual en los dos idiomas, y ahí está el producto entero en una palabra. Una sola cosa, escrita una vez, que se lee bien la agarre quien la agarre, en el idioma en que le toque trabajar esa semana.
El resto le está mintiendo, en silencio, a sesenta personas.
Orden de movimiento, paquete de bienvenida, paquete técnico, rooming list, el mapa que mandaste, el hilo de WhatsApp. Corregís uno y los otros cinco siguen mal, y nada en pantalla te lo dice.
Es un chofer en el hotel equivocado a la hora equivocada, un cliente solo en un lobby y una unidad que arranca el día atrasada, repetido en cada línea de la orden de movimiento. El costo de un dedazo crece con el tamaño de la unidad.
Las carpetas y las convenciones de nombres no responden esa pregunta. Entonces el día del coordinador se vuelve reenviar, copiar, perseguir y confirmar recibido: trabajo invisible que nadie valora hasta que falla.
Un estudio tiene infraestructura permanente. Vos levantás un organismo de producción completo, lo entregás, lo desarmás, y el mes siguiente arrancás de una plantilla en blanco en otro país.
Antes del primer frame, el cliente no vio nada de tu trabajo salvo PDFs. Te juzgan por el formato antes de juzgarte por el oficio, y hoy ese juicio depende de quién estaba armando el archivo a las once de la noche.
No existe “la última versión”, porque hay una sola versión. La pregunta deja de hacerse.
El calendario de producción envía. La grilla de vuelos avisa a quien le toca. Nadie reenvía, nadie persigue, nadie queda fuera del hilo.
Cada documento que sale de tu oficina lleva tu identidad, automáticamente y no porque alguien se acordó. Tu cliente ve una empresa, no seis formatos.
Los formatos ya vienen con forma. Clier se construyó dentro de una compañía de servicios en operación —Costa Rica, Panamá, República Dominicana— por la gente que llenaba estos documentos a las once de la noche antes de un día de viaje. Están moldeados por lo que el crew realmente lee mal, lo que el cliente realmente pregunta y lo que falla a las cinco de la mañana en el tercer idioma de alguien. Arrancás de un documento que ya pasó por un rodaje, no de una plantilla en blanco.
Armados desde el registro del proyecto, vigentes por definición y con tu identidad, no la nuestra. Clier aparece como una marca gris pequeña en el pie de página y en ningún otro lado. Elegís una de tres voces de documento y todo lo que emite tu oficina sale en esa voz.



Mismo documento, mismos datos, mismo marcado: todo lo que ves distinto entre esos tres es la voz. Se define una vez en la configuración de tu organización y aplica a cada exportación, así que nada de lo que recibe tu cliente lo formatea quien haya armado el archivo. El recuadro punteado es donde cae tu logo.
Tu producción o la de un cliente, en casa o en otro país: el trabajo es el mismo. Levantar un crew completo, entregarlo y repetirlo el mes siguiente. No es un tracker de estudio con etiquetas de cine encima.
No el presupuesto: el adelanto. El efectivo se mueve más rápido que el papeleo que lo persigue, así que el registro se reconstruye en el wrap con memoria y una bolsa de facturas. Clier lo mantiene al día mientras se gasta, en la moneda en que se gastó.
El efectivo se entrega a una persona o a un departamento y queda abierto hasta que se liquida. Cuánto está afuera y con quién es un número en pantalla, así nadie lo carga en la cabeza ni anda preguntando el viernes.
Tomadas con el celular, codificadas y adjuntas al adelanto antes de que la persona vuelva a la van. Para cuando llega el wrap, el reporte ya está escrito.
Lado a lado, al tipo de cambio del día. El número de tu cliente y el de tu contador cuadran porque nunca fueron dos números distintos.
Clier es la capa operativa: quién, dónde, cuándo y cuánto se gastó realmente en el terreno. El presupuesto, el cost report y el cierre siguen donde ya trabaja tu contador de producción. Los gastos salen de acá codificados, con factura y listos, en lugar de llegar como la foto de un cuaderno.
Los adelantos liquidados salen hacia la plataforma donde ya vive tu presupuesto, con los códigos contables intactos, por API o por una integración con nombre donde exista.
CSV y XLSX hechos para quien lleva los libros, con las facturas pegadas a la línea que les corresponde y no una carpeta de imágenes con fechas por nombre.
Las fechas se suscriben como feed de calendario. Los documentos llegan en PDF a un correo o a un hilo. A nadie se le pide adoptar una app nueva para leer una hora de pickup.
Conexiones con nombre, para que nada se mueva a mano:
Los documentos caen en la carpeta del proyecto que ya compartís con tu cliente. Tu estructura de carpetas no cambia: simplemente deja de mantenerse a mano a medianoche.
Lo mismo, para oficinas que viven en Dropbox. La papelería queda al lado del material al que pertenece, en la cuenta que tu empresa ya paga.
Adelantos liquidados y reales codificados entrando directo al presupuesto, para que lo gastado en el terreno se encuentre con el cost report sin volver a teclearse.
Productores de línea, gerentes de producción y coordinadores, corriendo un trabajo propio o ajeno, en casa o en otro país. Si tu infraestructura se reconstruye en cada proyecto, esto está hecho para vos.
Si ya tenés sistemas permanentes, personal fijo y un guion manejando el calendario, las herramientas construidas alrededor de guiones y días de rodaje te van a calzar mejor que esta.
Las tareas de revisión se hacen con una mano. El trabajo estructural —cerrar, exportar, líneas de presupuesto— se queda en escritorio y lo dice, en vez de ser medio posible dentro de una van.
Cada documento lleva tu nombre y tu logo sin que nadie se acuerde de configurarlo. Nuestra marca es gris, va en el pie de página, y eso es todo.
Devoluciones, borrados y liquidaciones reabiertas llevan quién y por qué. Moneda local, husos horarios locales, español e inglés en la misma versión.
Sin proyecto de migración, sin implementación de seis semanas, sin pedirle a tu coordinadora que aprenda un sistema en semana de rodaje.
Se te cobra por la gente que arma la papelería —producción, coordinación, contabilidad— no por las sesenta personas que la reciben. El crew y los clientes leen los documentos sin cuenta, así que una unidad que se duplica de un día para otro no cambia lo que pagás. Lo que escala es cuántas producciones tenés abiertas al mismo tiempo.
Veinticinco empresas se llevan 40% de descuento en Studio o Agency y conservan esa tarifa mientras mantengan la cuenta. No es un descuento de bienvenida que vence en tres meses: el precio al que entrás es el precio al que renovás, mientras la tarifa estándar se mueve con el producto. Veinticinco es lo que podemos implementar bien sin dejar de contestar el teléfono en semana de rodaje. Cierra a las veinticinco cuentas o el 31 de diciembre de 2026, lo que ocurra primero.
Tuyos. El registro del proyecto se archiva, no se cierra: legible, buscable y exportable completo mientras mantengas una cuenta. Los documentos además caen en tu propio Google Drive o Dropbox conforme se emiten, así que la papelería existe en tu almacenamiento exista o no en el nuestro.
No. Solo quienes trabajan dentro del sistema necesitan acceso: producción, coordinación, contabilidad. El crew y los clientes reciben los documentos como ya los reciben. A nadie se le pide instalar nada para leer una orden de movimiento.
Una hoja de cálculo guarda un valor. Clier guarda un hecho y sabe qué documentos dependen de él. Esa diferencia es invisible hasta que la locación cambia a las nueve de la noche, y entonces es lo único que importa.
La voz de documento es una configuración de organización, así que todo lo que emite tu oficina es consistente por defecto. Los formatos específicos por cliente y un sistema de documentos totalmente a medida son para lo que existe el plan Partner.
Los dos, en la misma versión, no una traducción que llega tarde. Tu equipo trabaja en un idioma mientras el documento sale en el idioma de quien lo recibe.
Nosotros también. Moneda local, husos horarios y formatos locales se manejan por producción, no por cuenta, y se reportan en USD sin que nadie rehaga la hoja.
Escritas por gente que primero corrió las producciones. Cada una arranca con algo que sale mal en un rodaje real y termina en lo que la papelería debió haber hecho al respecto. Por ahora en inglés.
Why the float, not the budget, is where production accounting actually breaks — and what changes when the receipt is photographed at the counter instead of reconstructed at wrap.
Read → TransportDay, vehicle, movement, passenger — four levels of nesting rebuilt by hand every shoot day, and one wrong pickup time that reaches an entire unit before anyone notices.
Read → CrewEvery sheet on a production carries the same phone number. What changes when the department list stops being the master record and starts being a view of one.
Read → LogisticsOne flight, one row, seven statuses, and a board that updates while the coordinator is asleep — plus the quiet failure case of a flight nothing is actually tracking.
Read → LodgingWho pays for which nights is the only question that matters at the end — and split stays are where every spreadsheet quietly gives up.
Read → ClientsBefore a frame is shot, everything a client has seen of your company is PDFs. What it costs when those are formatted by whoever happened to build the file.
Read →Una demo de 30 minutos con tu propia lista de crew y tus fechas, y una orden de movimiento armada a partir de ellas, con tu logo. Si no calza con cómo ya trabaja tu oficina, te lo decimos.